Me diagnosticaron a los 10 años. Mis padres vieron que estaba perdiendo mucho peso y me veía muy enferma. Jugaba al fútbol y ya no podía seguir el ritmo. Mi madre me llevó al médico y fue entonces cuando descubrimos que tenía diabetes tipo 1: algo aterrador que no entendía. El padre de mi amigo tenía diabetes tipo 2, así que entendí algo, pero no toda la gravedad. Me enseñaron a usar una pluma de insulina y a controlar mi nivel de azúcar en sangre y me fui a casa. Estaba aterrorizada de no poder jugar más al fútbol; me encanta el fútbol. Pero seguí jugando, y con un seguimiento cercano y una buena gestión, he podido seguir jugando al fútbol y jugar a nivel universitario. Ahora soy una estudiante universitaria de primer año, obteniendo mi especialización en promoción de la salud y trabajando para una carrera en diabetes. Ahora veo a mis médicos con regularidad, quienes me ayudan a asegurarme de que pueda controlarme bien y seguir jugando al fútbol. Mi A1C ahora es de 5.3. Espero ser una inspiración para otros jóvenes con diabetes, mostrándoles que tener diabetes no te impide alcanzar tus metas y hacer lo que amas.