Lidiar con la diabetes ha sido una montaña rusa a lo largo de mi vida. Como atleta profesional, es fundamental que la diabetes no me distraiga, ya que quienes no comprenden las dificultades de esta enfermedad pueden tratarme injustamente. Mantener una dieta y una rutina constantes me ha ayudado a llevar una vida más sana y feliz.
Cuando tenía doce años, mi madre notó que estaba perdiendo peso y cambiando de humor de forma inusual, lo que la llevó a medirme el azúcar en sangre. Ella era diabética, así que reconoció los síntomas de la diabetes tipo 1. Efectivamente, tenía un nivel de glucosa muy alto, y recuerdo que poco después fui al médico con mi padre. Aquel día fue muy largo y abrumador, pues comprendí que mi vida sería diferente a partir de ese momento. Pasar por la escuela secundaria y los primeros años del bachillerato fue muy duro, ya que tuve que aprender un nuevo tipo de disciplina.
Durante esos años, e incluso en mis inicios como atleta universitario, tuve problemas con los niveles bajos de glucosa, especialmente al practicar deportes y realizar actividad física. Con la ayuda de varios nutricionistas y entrenadores deportivos, pude tomar mejores decisiones para cuidar mi salud y rendir al máximo tanto en mi vida diaria como en el deporte.
El momento del que me siento más orgulloso fue el año pasado (2025). Fue mi primer año como atleta profesional, lo que significó que tenía más responsabilidad que nunca en el control de mi diabetes. Afortunadamente, gracias a toda la ayuda que recibí en años anteriores, estaba preparado para afrontar la diabetes por mi cuenta, y además logré mi mejor nivel de A1C en muchos años.
A quienes se enfrentan a dificultades con la diabetes, les diría que es imposible ser perfecto. El estrés de intentar serlo puede generar ansiedad, presión y dudas innecesarias. En cambio, concéntrense en crear una rutina constante, realista y sostenible.