Me diagnosticaron a los 6 años. Un perro me arañó y la herida no cicatrizaba. Además de la pérdida de peso y la sed excesiva, me diagnosticaron diabetes tipo 1. Seguía viviendo como una niña "normal", trepando árboles, montando en bicicleta, nadando y jugando a la pelota, pero tenía que ponerme inyecciones diarias para sobrevivir. Le doy crédito a mi madre, quien me crio como madre soltera, por su apoyo y amor, lo que me permitió ser un niño, un adolescente y un adulto que vivió con normalidad con diabetes tipo 1.
Me gradué de la preparatoria, fui a la universidad, estudié farmacia, hice un posgrado y trabajé como farmacéutica clínica en la UCI. También participé en reuniones sobre el cuidado de la diabetes y en la formación de pacientes y personal médico. Llevo casi 30 años usando una bomba de insulina y me encanta lo mucho que hemos avanzado (desde hervir jeringas de vidrio hasta orinar sobre cinta adhesiva).
Ahora jubilada, disfruto muchísimo del senderismo, el excursionismo y el montañismo. Me encanta escalar picos y alcanzar las cimas más altas. Con frecuencia me encuentran en temperaturas húmedas y bajo cero, en montañas locales y lejanas, escalando mientras vivo una vida increíble con diabetes tipo 1.